quarta-feira, 18 de janeiro de 2017

LITURGIA

 
CULTO ESPECIAL PARA A ORDENAÇÃO
AO PRESBITERATO E  AO  DIACONATO
 
 
 

   

      I – A Igreja se reúne para adorar o Senhor da Missão

 
  • Prelúdio
  • Hino congregacional – "Os Céus Proclamam" – n.º 22
  • Leitura responsiva – Sl 93
  • Oração
     
     II – A Igreja reconhece e confessa os seus descompromissos com a Missão
 
  • Leitura responsiva – II Co 4:13-18
  • Oração silenciosa – (Cântico "Ore")
  • Oração de Confissão
  • Hino – "Perdão" - n.º  71
     

     III – A Igreja louva a Deus pela Missão

 
  • Leitura responsiva Rm 12:3-8
  • Cântico "Pequeno Coração"
     

     IV – Aprendamos com a Palavra a fazer Missão

 
  • Pregador Rev. Matheus Benevenuto Jr.
        

     V – Apresentemo-nos para a Missão

 
  • Cântico "Cristo volta, Aleluia!"
  • Leitura responsiva I Pd 5:1-4
  • Ordenação e Instalação ao Presbiterato dos irmãos André e Roque
  • Cântico "O Dia Não Sei"
  • Leitura de At 6:1-7
  • Ordenação e Instalação ao Diaconato dos irmãos Antonio e Fogaça
     

     VI – A Igreja sai para efetivar a Missão

 
  • Agradecimentos
  • Hino – "Oração por Proteção" – n.º 400
  • Benção apostólica
  • Amém tríplice
  • Postludio

Con la gracia de Dios  - M. Peres S. 

FRAGMENTOS

Plume
 
Aceite sua cruz
como um bordão,
não como um tropeço.

Plume

ESBOÇO DE SERMÃO

 
 
DECLARAÇÕES DE JESUS SOBRE SEUS DISCÍPULOS
– Mateus 5:13-16
 
M. Peres S.
 
1. AQUILO QUE SOMOS - "vós sois..."
uma questão de essência
"vós sois o sal da terra..."
"vós sois a luz do mundo..."
Como isso acontece? João 1:12.
 
2. AQUILO QUE DEVEMOS PRESERVAR - autenticidade
- o sal sem sabor pra que presta?
- a luz debaixo da cesta?
- para que servem?
- manter a autenticidade do Cristianismo com testemunho, vida santa, vida correta.
 
3. AQUILO QUE DEVEMOS FAZER - FUNÇÃO
- o sal dá sabor, preserva, contamina (no bom sentido)
- a luz aquece, ilumina - revela, dá vida
 
se o sal perde o sabor - para nada presta e será pisado pelos homens;
se a luz brilha diante dos homens, os homens vêem as obras, e glorificam a Deus.

Con la gracia de Dios  - M. Peres S. 

CATECISMO DE HEIDELBERG

 
 
43. Que importância tem, para nós, o sacrifício e a morte de Cristo na cruz?
 
R. Pelo poder de Cristo, nosso velho homem é crucificado, morto e sepultado com Ele (1), para que os maus desejos da carne não mais nos dominem (2) , mas que nos ofereçamos a Ele, como sacrifício de gratidão (3).
 
(1) Rm 6:6.
(2) Rm 6:8,11,12.
(3) Rm 12:1.

Con la gracia de Dios  - M. Peres S. 

UN MINISTERIO IDEAL

 
IV. Por encima de todas estas cosas, necesitamos
ADELANTAR EN APTITUDES ESPIRITUALES, las gracias que
deben ser obradas en nosotros por el Espíritu Santo en
Persona. Estoy seguro de que esto es lo principal. Otras
cosas son preciosas, pero ésta no tiene precio.
Primeramente, necesitamos conocernos a nosotros mismos.
El predicador debe familiarizarse con la ciencia del corazón,
la filosofía de la experiencia interna. Hay dos escuelas
de experiencia, y ninguna de ellas está contenta con
sólo aprender de la otra; dispongámonos, sin embargo, a
aprender de ambas. Una de estas escuelas habla del hijo
de Dios como de aquél que conoce la profunda depravación
de su corazón, que entiende lo repulsivo de su naturaleza,
y que diariamente ve que en su carne no mora
el bien. «Un hombre no tiene la vida de Dios en su alma»,
dicen los hombres de esta escuela, «si no sabe y ve esto,
si no lo experimenta amarga y dolorosamente día tras día».
Es en vano hablarles de libertad y de gozo en el Espíritu
Santo; no quieren tenerlos. Sin embargo, aprendamos de
la parcialidad de éstos. Saben mucho de lo que debe saberse,
y ¡ay del ministro que ignore su sistema de verdades! Martín
Lutero solía decir que la tentación es el mejor maestro
de un pastor. Este aspecto de la cuestión contiene su parte
de verdad.
Los creyentes de la otra escuela tienen en gran estima,
lo cual es justo y de bendición, la gloriosa obra del Espíritu
de Dios. Creen en el Espíritu de Dios como poder
purificador, beneficioso para el alma al hacer de ella un
templo para Dios. Pero frecuentemente hablan como si
hubieran dejado de pecar, o de ser acosados por la tentación;
se glorían como si la batalla estuviera ya terminada
y la victoria alcanzada. No obstante, aprendamos
también lo que podamos de estos hermanos. Conozcamos
toda la verdad que pueden enseñarnos. Familiaricémonos
con los puntos principales de la salvación y la gloria que
en ellos resplandece: los Hermones y los Tabores, donde
podemos ser transfigurados con nuestro Señor. No temáis
llegar a ser demasiado santos, o demasiado llenos del
Espíritu Santo.
Quisiera que fueseis sabios en todo, y capaces de tener
tratos con los hombres tanto en sus conflictos como
en sus alegrías, siendo experimentados en ambas cosas.
Conoced dónde os dejó Adam; conoced dónde os ha colocado
el Espíritu de Dios. No conozcáis ninguna de estas
dos cosas de modo tan exclusivo, como para olvidar
la otra. Creo que si hay hombres que hayan de clamar:
«¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo
de esta muerte?» serán siempre los ministros del Evangelio,
porque nosotros necesitamos ser tentados en todas
las cosas, para poder consolar a otros. En un vagón de
ferrocarril, la semana pasada, vi a un pobre hombre con
la pierna apoyada sobre el asiento. Un empleado que le
vio en aquella postura, observó: «Esos cojines no fueron
hechos para que usted ponga las botas sucias encima».
Tan pronto como el funcionario se marchó, el hombre volvió
a poner la pierna en el asiento, diciéndome: «Estoy seguro
de que nunca se ha roto la pierna en dos puntos
diferentes, pues en este caso no sería tan brusco conmigo». Cuando he oído a hermanos de los que viven acomodadamente,
disfrutando de buenos ingresos, condenar
a otros que están pasando por grandes pruebas, porque
no podían gozarse de la misma manera, he visto que no
sabían nada de los huesos rotos que otros tienen que
arrastrar durante toda su peregrinación.
Conoced al hombre, en Cristo, y fuera de Cristo. Estudiadle
en su mejor aspecto, y también en el peor; conoced su
anatomía, sus secretos y sus pasiones. Este conocimiento
no podéis adquirirlo en los libros; es preciso que tengáis
contacto personal con los hombres si habéis de ayudarles
en su multifacética experiencia espiritual. Sólo Dios
puede daros la sabiduría que necesitaréis para tratar
prudentemente con ellos, pero Él os la dará en respuesta
a la oración de fe.
Entre las adquisiciones espirituales, conocer al que es remedio seguro para todas las enfermedades humanas
está
por encima de toda otra cosa necesaria. Conoced a Jesús.
Sentaos a sus pies. Considerad su naturaleza, su obra, sus
sufrimientos, su gloria. Gozaos en su presencia; tened
comunión con Él día tras día. Conocer a Cristo es entender
la más excelente de todas las ciencias. No podéis dejar
de ser sabios si tenéis comunión con la Sabiduría Encarnada;
no podéis carecer de fortaleza si tenéis constante
comunión con Dios. Hermanos, morad en Dios; no se trata
de ir a Él a veces, sino de habitar en Él. En Italia dicen
que donde no entra el sol, tiene que entrar el médico. Donde
Jesús no resplandece, el alma está enferma. Bañaos en sus
rayos, y seréis vigorosos en el servicio de vuestro Señor.
El pasado domingo por la noche, meditamos en un texto
que me había dominado: «Nadie conoce al Hijo sino el
Padre». Dije que los pobres pecadores que habían ido a
Jesús y puesto su confianza en Él, pensaban que le conocían,
pero sólo le conocían un poquito. Hay santos con
sesenta años de experiencia, y que han andado con Él cada
día, que creen conocerle; pero no están sino empezando
a conocerle. Los espíritus perfectos que están ante el trono,
que han estado adorándole perpetuamente desde hace cinco
mil años, quizás crean que le conocen, pero no le conocen
plenamente. «Nadie conoce al Hijo sino el Padre». Es
tan glorioso, que sólo el Dios infinito tiene pleno conocimiento
de Él, y por lo tanto no habrá límite para nuestros
estudios, ni pobreza en nuestra línea de pensamiento, si
hacemos de nuestro Señor el gran objeto de todos nuestros
pensamientos e investigaciones.
Así que, si hemos de ser hombres fuertes, como resultado
de este conocimiento, es preciso que seamos hechos
semejantes a nuestro Señor. Bienaventurada aquella cruz
en que sufriremos, si sufrimos por ser hechos a semejanza
del Señor Jesús. Si obtenemos esta semejanza, tendremos
una unción maravillosa en nuestro ministerio; y sin ello,
¿qué vale un ministerio? En resumen, debemos esforzarnos
en tener santidad de carácter. ¿Qué es la santidad?
¿No es entereza de carácter? Un estado equilibrado en que
no sobra ni falta nada. No es moralidad, la cual es una
estatua fría y sin vida; la santidad es vida. Es preciso que
tengáis santidad; y aunque os falten aptitudes mentales
(espero que no), y aunque tengáis pocas facultades oratorias
(confío en que no), podéis estar seguros de que una
vida santa es en sí misma un poder maravilloso, y compensará
muchas deficiencias; es, de hecho, el mejor sermón
que el mejor de los hombres puede jamás predicar.
Resolvámonos a tener toda la pureza que se pueda tener,
toda la santidad que se pueda alcanzar, y toda la semejanza
a Cristo que sea posible en este mundo de pecado,
confiando en la obra eficaz del Espíritu de Dios. Que el
Señor nos levante a todos, como Colegio, hasta una plataforma
más elevada, y Él tendrá la gloria.

Con la gracia de Dios  - M. Peres S.